miércoles, diciembre 14, 2005

Náuseas

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Ayer tenía náuseas en el trabajo (desde donde escribo ahora) porque había dormido poco. 3 horas del domingo al lunes y otras 3 del lunes al martes. La falta de sueño era inminente, y por una vez, me produjo náuseas. Al de media hora se fueron, y el resto de la jornada siguió con normalidad, aunque fumando menos.

Hoy me ha vuelto a entrar esa sensación angustiosa. Resulta que esta vez se debe al propio trabajo en sí. Por si no os lo había contado, estoy digitalizando fotos y vídeos del Departamento de Emergencias del Gobierno Vasco. No es gran cosa de trabajo, pero ya sabéis lo techie que es uno, y digitalizar esto para mí es una pequeña satisfacción: colaboro para que parte de la memoria del País Vasco se mantenga inalterada en el tiempo. Me encantaría además que un día pusiesen estas fotos al alcance del público. Pero no todas.

Después de terminar con las inundaciones del 83, (que afectaron a toda Bizkaia y fueron las más catastróficas en toda la península e islas) me toca el accidente aéreo del monte Oiz, año 1985. Dos años que tenía yo. Y la verdad, hasta que no vi el nombre de la carpeta de fotos no me había enterado de que en el 85 hubiese habido un accidente de avión.

Primero de todo he sacado las fotos y las he ojeado una por una. Uno tiene ya muchos telediarios a sus espaldas, además de una buena base de películas vistas a lo largo de su vida. La verdad es que nunca he visto una peli gore o de falso snuff. Me dan bastante asco, y lo peor de todo es el tema psicológico, en el que ves como alguien disfruta (aunque sólo sea cine gore, hay un malo en cada película) haciéndo a un ser humano cosas que van más allá de la tortura.

Pues eso, que creía yo (infelice) que a estas alturas de la película nada me iba a impresionar. Y por eso, por sobreconfiarme, me han pillado con la guardia baja y me han arreado un puñetazo en la boca del estómago. Vas viendo fotos y ves trozos de fuselaje, un motor, asientos... Y en una de estas te encuentras con una masa de color rojizo y color carne. La cagamos, Luis. Y sigues viendo fotos, hasta de bomberos y fotógrafos. Y un pie. Con el resto de la pierna, pero sin el resto del propietario. O trazas de ser humano en ramas de árboles.

Lo dicho, desagradable. Y ahora tengo que ponerlas una por una en el escáner y ver que se hayan escaneado bien. Yo sólo he narrado lo que se ve en esas fotos, pero tenerlas delante y saber que son reales es otro tema. Cuando apartas una para ver la de debajo y lo haces despacio, por algo es. Te entra el impulso de entrecerrar los ojos, como con las pelis de miedo. Cuando se te trastabilla una y casi se te cae al suelo y la vas a coger, se pone el corazón a mil. Es como si la fotografía, pese a ser no más que un soporte con sustancias químicas, tuviese algo más, algo frágil, sagrado, crucial...

Qué extraño es el ser humano y lo que se le pasa por la cabeza.

Ya les contaré...


(No es éste el post no apto para niños, ése lo escribiré esta tarde o esta noche)

2 comentarios:

lesënok dijo...

si aburre un poco jeje bss

Anónimo dijo...

del 20 d al 11 m, una historia de falacias y encubrimientos