jueves, octubre 27, 2005

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Un rumor grave y sofocado fue lo primero que escuchó. Intentó abrir los ojos, pero alguna partícula entre el ojo y los párpados le rozaba. Espero un rato más. El ruido no sería tan preocupante si no fuese porque le punzaba en las sienes. Esta vez si consiguió abrir los ojos. Todo daba vueltas. Se pasó la mano por el pelo, a fin de despertarse un poco, y estiró las piernas.

Estaba en una especie de habitación blanquecina, de forma tubular, si bien el suelo era perfectamente liso. Una pequeña sensación de ingravidez lo atrapó por un momento. En la habitación había asientos dispuesto en un orden muy extraño. Se fijó en que en la pared de en frente había una hilera de ventanucos, por los cuales entraba una luz muy blanca. El ruido sordo seguía atormentándole.

Se puso en pie con gran esfuerzo, se estiró la camisa y la chaqueta pero lo dejó cuando comprendió que no iba a poder mejorar su aspecto desaliñado. Tambaleándose, se sentó en uno de los asientos junto a un ventanuco. "O sea, que estoy en un avión" Pulsó el botón para llamar a la azafata. Se imaginó una azafata de piel morena y largo pelo azabache. Llevaba chaqueta y falda azul ducados. Sacó un ducados del bolsillo de su chaqueta y se lo encendió. La luz de la ventana ya no le hacía tanto daño.

La azafata atravesó la cortina. Vestía falda verde y blusa blanca. No era muy morena y tenía el pelo ligeramente largo y castaño. Sus ojos sí eran azabache. Se acercó hasta él.

- Lo siento, señor, pero no se puede fumar en el avión
- ¡Qué más da! -bajó el tono de su voz en cuanto sintió de nuevo las punzadas- Si estamos solos...
- Son las normas de la compañía, señor
- Joder... -apagó el cigarrillo en el asiento de al lado
- ¿Quería algo?
- Sí, tráeme un botelín de agua
- Serán 3 euros con 50
- Sí, bien, vale.

La azafata se alejó. Cuando iba a atravesar la cortina, le preguntó:

- ¿Qué día es hoy?
- Martes, señor.
- Martes... -hablaba para sí mientras miraba por la ventana apoyando el dorso de la mano- Si hoy es Martes, esto entonces debe de ser Bélgica.

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Nota: Gracias a Enrique Dans, que con una frase me ha inspirado un relato corto.

2 comentarios:

Javi dijo...

No entiendo el final

Eros T. dijo...

¿Y qué mierda se puede hacer en Belgica un martes?
Joder, de qué mierda estarías puesto cuando decidiste concertar la cita aquí.

No sé como no me he acostumbrado aún a tus retrasos, llevo media hora esperandote en esta puñetera sala soportando a dos pequeños cachorros de ser humano que no paran de correr para un lado y para otro.

Uno de esos pequeños demonios ya me ha pisado 2 veces, como lo vuelva a hacer juro que le meto de cabeza en la papelera.

Encima, para terminar la jodienda, su puñetera madre, una cuarentona de esas que no se enteran de que Bershka es una tienda para chicas jovenes y viste con la ilusión de provocar miradas y sólo provoca pena y nauseas, no para de mirarme el paquete y sonreirme como una imbecil con el filtro del cigarro colgandole entre los labios quirurgicamente inflados.

Como no aparezcas en menos de 4 minutos por esa jodida puerta, te voy a mandar a tomar por donde hace tiempo que no te da el sol.

¡Vaya! Al fin algo de puto movimiento... vale, una azafata, un mariconcete con ropita de azafata, ¿ese eres tú? Joder, macho, llevas la camisa y la chaqueta hechas un churro... fijo que te has pegado una buena siesta en el avión.

-¿Qué tal? ¿Has venido preparado?

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Nos leemos,
-E.-